Hace un par de años nos percatamos mi esposa y yo que a nuestro hijo mayor le daba mucho miedo subirse a los ascensores. No era algo que siempre había sido así, sino que apareció sorpresivamente o al menos eso nos pareció.
Por supuesto, al principio pensamos que era una pataleta más propia del momento, pero nos dimos cuenta que la reacción permanecía a pesar del paso de los días y asociada siempre a los ascensores. Intentamos primero preguntárle qué le pasaba, que era lo que le producía miedo del ascensor pero la resuesta era siempre similar: sencillamente le daba miedo. Acudimos a explicarle con la mayor racionalidad posible, incluso por momentos nos desesperábamos y nos subíamos con el a los ascensores, pero siempre su reacción era de mucho miedo.
Dedujimos que era una fobia o, en todo caso, algo que desconocíamos como tratar correctamente.
Para resumir, todo empezó a encausarse cuando nos dejamos de ensayos y acudimos a un psiquiatra infantil en un centro especializado. Tuvimos primero un diagnóstico preciso y luego el inicio de un tratamiento de cuyos resultados estamos muy satisfechos.
Como cada caso es único no hace falta que hable del tratamiento, pero lo que si ha sido importante es entender en primer lugar que esto es una enfermedad como cualquier otra, como una gripe por ejemplo, y que tiene su tratamiento y se resuelve, al menos es lo que hemos vivido.
Hoy nuestro hijo está estupéndamente. El ascensor ya no es un enemigo intratable, no es tampoco un amigo incondicional, pero ya no pone las condiciones ni limita la alegría y libertad de mi hijo.
La información correcta y acudir a los profesionales adecuados ha sido un punto clave.
Un link de referencia: http://kidshealth.org/PageManager.jsp?dn=hsjdbcn&lic=194&cat_id=20265&article_set=45721&ps=304