
Hoy fui a misa como de costumbre. Esta vez cerca de mi casa, a las 19:30.
Llegué con tiempo antes de que comenzara para poder confesarme. Inmediatamente después de hacer la penitencia todavía quedaban 5 minutos y salí de la iglesia, a decir verdad para que el sacerdote no me pillara y me pidiera que lo ayudara en la misa.
...Pero el intento falló, mientras paseaba afuera de la iglesia, el sacerdote, que es muy pero muy listo, me detectó por una rendijita de la puerta y cuando me di cuenta ya estaba perdido. Claro, me pidió lo que me temía, que si lo ayudaba en la misa.
Bueno, pues ante esto no hay más que apuntarse o huir como un cobarde.
Yo intenté huir como un cobarde.
... Pero el sacerdote fue más rápido.
Lo que me iba a tocar hacer es algo que se llama "acolitar". La clase fue en 30 segundos (y creo que me paso de tiempo). "Esto es muy fácil, sales delante de mi, te pones a mi lado donde te diga, cuando te diga haces esto y aquello (dijo como 753 pasos en 10 segundos) y ya está!".
En estos casos uno traga saliva, mira que el paracaidas este bien amarrado y... y el instructor le da a uno la patadota en el trasero para saltar cuando no estás listo. Pues el sacerdote me dió esa palmadita en la espalda.
Me pasó de todo. Me puse en el lado que no era al principio, al comenzar la primera lectura me equivoqué de página (se tuvo que levantar de su silla a corregirme), en el salmo la frase que todos repiten la dije incompleta (se dio cuenta tooodo el mundo). Final del primer tiempo:
Llegamos al evangelio. Pero como es misa de semana, no hay sermón, con lo que el descanso duró poco. Luego vino lo bueno, que le pasara el cáliz, y el copón, y esto y lo otro... cuando me di cuenta ya estábamos en la consagración, se arrodilla él y yo después. En ese momento me doy cuenta que estoy al borde del altar (que está como medio metro por encima del suelo) y casi me voy al suelo. Juraría que escuché a más de uno a punto dee destornillarse de la risa. Guardé la compostura, como pude.
Pasado este momento, la recta final: la comunión. Bajo con el sacerdote y me encargo de poner la patena debajo de las manos del sacerdote cada vez que da la comunión. Como algunos toman la comunicón directamente con la boca y otros con la mano, a más de uno casi le amputo uno que otro dedo y al sacerdote casi le echo abajo el copón.
Volvemos al altar, otra gota más de sudor cae por mi mejilla. Pienso: "bendición y listo".
Nada de eso. Ahora hay que lavar el cáliz. Casi le echo vino en vez de agua... en fin, consigo terminar sano y salvo.
Luego en la sacristía veo que el sacerdote estaba sudando tanto como yo y me lanza la frase demoledora: "para ser la primera vez estuvo muy bien", (que es como decir, "menudo desastre, hemos sobrevivido de milagro y esta es la primera y última"). Y para rematar añade, "ahora, seguro que la próxima vez que vengas estarás muy pendiente de como se ayuda en la misa".
Shit.
Pero hemos triunfado, lo hemos conseguido y ya verá la próxima vez.
Así que para que no me cojan desprevenido me he buscado una guía de como acolitar.
Así que la próxima vez lo hare mejor.
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